Monumentos

vista de Fermoselle

FERMOSELLE

Lo más antiguo de su término se encuentra en los distintos castros que se elevan escarpados en las proximidades de los ríos Duero y Tormes. Se remontan los vestigios más antiguos al Calcolítico, con continuidad en el Bronce Final y Primera y Segunda Edad del Hierro. De este tipo son “ El castillo de Montalbán” y “ El castillo Moro” , ambos habitados por moros y ocupado el segundo por una reina mora que quedó encantada guardando los tesoros, de los que el más preciado es un cordero de oro.
La romanización llegó a estos lugares, posiblemente ocupando el centro de la villa y sitios próximos, como “ Entre dos ríos” . Huellas de esta época eran las estelas romanas que estaban en la ermita del Cristo del Pino hasta que fueron robadas. En 1205 ya aparece en diplomas como villa y perteneciendo a los obispos zamoranos, señores de la misma, por donación de Alfonso IX. Esta posesión va a perdurar en el tiempo, hasta tal punto que el obispo comunero Acuña se hizo fuerte en su castillo. Dado el magnífico clima que tiene, su riqueza agrícola es importante. En 1750 ya se censaron en ella 14.000 frutales y 5.044 olivos.
Además de las calles típicas, con excelentes vistas sobre los Arribes y la vecina Portugal, es conveniente visitar los siguientes monumentos.
Iglesia de la asunción Fermoselle

LA IGLESIA DE LA ASUNCIÓN

Está realizada a caballo entre el estilo románico, de fines del siglo XII, del que quedan algunos capiteles, y el gótico de principios del siglo XIII, al que pertenecen el hastial y las dos portadas. De éstas, la Sur tiene cuatro arquivoltas apuntadas más extradós con rostros; dos arquivoltas son molduradas y dos llevan decoración vegetal. Está precedida de un portal, de bóveda estrella, que al igual  que el interior del templo son obra de principios del siglo XVI, en estilo gótico tardío con influjos renacentistas. La portada del hastial tiene extradós vegetal y cuatro arquivoltas apuntadas, con ornato vegetal, excepto la interior que está lisa.

EL CONVENTO DE SAN FRANCISCO

EL CONVENTO DE SAN FRANCISCO


Se construye en 1730, junto a la iglesia románica del siglo XII. A fines del siglo XVIII se realiza una reforma importante en la iglesia. El templo es de una sola nave, dividida en tres tramos, con crucero poco saliente y cabecera plana. Sobre el crucero se alza una cúpula, estando el resto cubierto por bóveda de cañón con lunetos. En el coro aún pueden verse dos ventanas saeteras abocinadas románicas.
Lo más interesante está en torno a los claustros del convento. El primero es cuadrado, con dos arcos de medio punto por lado y arcos rebajados en los ángulos de unión a otras dependencias. De época románica quedan una puerta de arco de medio punto, cegada, de acceso a la iglesia y varios modillones
geométricos en el muro Sur de ésta y en la espadaña que corona la iglesia. Tras pasar varias dependencias monacales, llegamos a un segundo claustro, del que sólo quedan dos arcos de medio punto, pero en el lado Sur de la cabecera de la iglesia pueden contemplarse canecillos románicos, representando cabezas animales y humanas, así como en un muro anejo una fuente reaprovechada del siglo XVIII. Interesante es recorrer otras dependencias, como el lagar, la bodega y, especialmente, la cocina, de la que quedan el hogar y los fregaderos en piedra.

Cementerio de Fermosellle

LA ERMITA DE LA SOLEDAD

Es obra del siglo XIII, pero en el interior tan sólo quedan de esa época dos arcos fajones apuntados, y una magnífica Virgen sentada de fines del siglo XIII. La espadaña tiene un solo vano y está adornada con roleos y pináculos. De ella asoma una piedra, donde, según cuentan, estuvo el nido de cigüeñas en el que se produjo la leyenda que pretende explicar la razón de que no haya cigüeñas en Fermoselle.


Leyenda de por qué no hay cigüeñas en Fermoselle
Si por algo llama la atención la provincia de Zamora es por la gran cantidad de cigüeñas que anidan en la zona. Sin embargo, en Fermoselle no las hay. Cuentan que en otro tiempo eran muy abundantes en la villa, poblando torres de su iglesia y ermitas, pero una maldición las expulsó para siempre.
Se celebraba el Viernes Santo y todo el pueblo se preparaba para la procesión grande. En la iglesia lucía el “monumento” con todo su esplendor; negros cortinajes velaban retablos e imágenes. Los fermosellanos emigrantes habían regresado esos días a su pueblo y esperaban emocionados el momento en que el Cristo de Santa Colomba era desclavado y descendido de la cruz. A primera hora de la tarde ya habían colocado el manto de Cristo en la cruz para descender el cuerpo y se habían cuidado todos los detalles para que no fallara nada.
El lamento fúnebre de las campanas llamaba a todos a la procesión. Cuando el sacerdote se disponía a abrir el desfile procesional, su cara palideció. Miraba la cruz y todos dirigieron su mirada hacia ella. Faltaba el manto de Cristo. Estaba seguro de que lo habían colocado. Los rostros se interrogaban unos a otros sobre quién podía haber quitado el manto de Cristo. Pero el manto no aparecía. Entonces el sacerdote, dirigiéndose a Cristo lanzó una terrible maldición, pidiendo que aquél que hubiera robado el manto no volviera nunca jamás a Fermoselle. De repente, el aleteo de innumerables cigüeñas que salían de los nidos hicieron levantar la vista hacia el cielo, viendo como todas ellas se alejaban del pueblo y allí, en el nido de la torre, pudieron observar que pendía enganchado el manto de Cristo. Desde entonces nunca más han anidado en esta localidad las cigüeñas.
En la misma localidad hay una leyenda para explicar la devoción al Cristo del Pino, venerado en la ermita del mismo nombre.

Santa Cruz de noche con cielo estrellado 

LA ERMITA DEL  CRISTO DEL PINO

La ermita del Cristo del Pino se halla a las afueras del pueblo. Posiblemente sea obra del siglo X, aunque las profundas reformas que ha sufrido le han hecho perder su estructura original, no conservando nada de mérito ni interior ni exteriormente. En su interior se venera la imagen del santo Cristo del Pino, objeto de la leyenda.
Leyenda del Cristo del Pino
Cuentan que en Fariza los moros, al tiempo que tiraron la campana de la iglesia primitiva que había en el lugar, también arrojaron a las aguas del Duero la imagen del Santo Cristo del Pino. La imagen bajó flotando por las aguas del río internacional y, al llegar a la altura de Fermoselle, fue vista por un pastor que cuidaba ovejas en la zona. Llamó a algunos vecinos y al sacerdote del pueblo; recogiéndola con veneración, la subieron hasta el pueblo y, tras tenerla una temporada en la parroquia, le construyeron para venerarla la ermita que lleva su nombre.

LOS ARRIBES DEL DUERO


Se denomina así el espacio situado en el extremo noroeste de la provincia de Salamanca y en el suroeste de Zamora, lindando con Portugal. Se declaró Parque Natural en 2002 debido a su gran riqueza natural y paisajística. Es un parque de 106.500 hectáreas, que comprende parte de las provincias de Salamanca y Zamora. En Zamora se ciñe al entorno del río Duero, desde la localidad de Villalcampo hasta Fermoselle, ocupando toda la línea de frontera con Portugal. En este espacio contrasta la superficie de la penillanura, ya que posee una altitud bastante uniforme (750-800 m.), con los profundos cañones labrados por la red fluvial, con un desnivel respecto a la penillanura de 200 m. Las peculiares características climáticas y topográficas de la zona, unido a la acción del hombre que ha abancalado las laderas, permiten ver cultivos mediterráneos impropios de esta latitud.
Desde el punto de vista morfológico, los Arribes del Duero son una penillanura ya que la erosión ha hecho aflorar los materiales del zócalo paleozoico, constituido esencialmente por granitos de diversos tipos, acompañados por rocas metamórficas. Destaca en esta penillanura el accidente topográfico producido por el profundo encajamiento del río Duero y su red de afluentes (Huebra, Tormes, Águeda, Uces y Esla), que siguiendo fallas, con una erosión remontante, han labrado gargantas de paredes verticales de varios centenares de metros de profundidad. En los cortados y roquedos de las márgenes fluviales es donde se localizan las especies de mayor valor faunístico, principalmente aves, entre las que destacan buitre común, águila real, águila perdicera, cigüeña negra, alimoche, halcón peregrino, águila culebrera, águila calzada, búho real, … Importante también es la presencia de una gran riqueza de peces (barbo, bermejuela, boga, …), reptiles (lagarto verdinegro, culebra de herradura, lagartija colirroja, …) y mamíferos (nutria, garduña, gineta, jabalí, zorro, …).
Este Espacio Natural se caracteriza por unas peculiares características climáticas, correspondientes a un valle encajado, resguardado de los vientos y con mucha insolación, lo que se traduce en una temperatura media anual suave, la inexistencia de heladas a lo largo del año, y unas ciertas condiciones de humedad (precipitación media en torno a los 700 mm/año). Todos estos rasgos dan lugar a una riquísima comunidad vegetal, caracterizada por la gran abundancia de especies típicamente mediterráneas, como olivo, vid, almendro y frutales. Cuando la tierra de labor ha sido abandonada, se cubre con el matorral en el que se intercalan enebros, encinas, quejigos y alcornoques.